miércoles, 15 de diciembre de 2010


No tengo fuerzas para tirar del peso de mi propio cuerpo ni de mi propia mente. Dejo que los aires del Sur arrastren mi vuelo. Me dejo llevar. Herida. Sonriente. No quiero pensar. Y me dejo llevar hacia delante pensando demasiado. Alguien dijo: demasiado es malo. ¿Y dónde está ese alguien ahora? ¿Perdido? Se perdió. Quién lo habrá encontrado. Vagando por las tierras inhóspitas de su mente alterada con estupefacientes. Pero evito y rechazo cada pensamiento. Justo en el momento en el que se intuye el atisbo: La conclusión. No tengo fuerzas. Sé que las tengo. Quiero que el tiempo deposite mi cuerpo y mi mente y mi alma, si es que aun está dentro de mí, en el lugar que necesito habitar. ¿Existe, pues, el quiero, el necesito? ¿Más allá del egoísmo? No quiero volver a pronunciar la palabra egoísmo. Volveré a pronunciar la palabra egoísmo. Y la sentenciaré a muerte. No quiero volver a.
Marina Ramón Borja.


No crecer. Habitar una alfombra eterna. En mitad de la calle que conozco, abrir los brazos, tensar el cuerpo y controlar el viento.

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