He de sacar toda la masa mucosa del cráneo.
Y ahora mis metas son otras,
hacen chistes sobre ilegales
o extranjeros
o me preguntan qué clase de permiso tengo para estar.
Qué rápido se consume el agua cuando no lo miras.
domingo, 4 de diciembre de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
jueves, 16 de junio de 2011
Buscar el perdón de todos mis antecesores.
Decir con el estómago encogido:
- Vosotros no lo entendéis.
Vosotros, no hay claridad suficiente para veros a todos.
No hay dolor suficiente para enseñároslo a todos, uno a uno.
No hay tiempo suficiente para que me mostréis vuestra compasión.
Y comienza a llover,
pero la lluvia no,
sólo moja
y la ropa así se empapa de calamidad,
así sólo me convierto en delatora.
Así, volver al río de nuevo.
Enfriar mis manos como el azulejo
para lavar mi cuerpo.
Cuánto nos hemos equivocado.
Qué estigma
o qué paloma.
Como ver el cielo
con los ojos abiertos
debajo del agua.
Decir con el estómago encogido:
- Vosotros no lo entendéis
Vosotros, no hay claridad suficiente para veros a todos.
No hay dolor suficiente para enseñároslo a todos, uno a uno.
No hay tiempo suficiente para que me mostréis vuestra compasión.
Y comienza a llover,
pero la lluvia no,
sólo moja
y la ropa así se empapa de calamidad,
así sólo me convierto en delatora.
Así, volver al río de nuevo.
Enfriar mis manos como el azulejo
para lavar mi cuerpo.
Cuánto nos hemos equivocado.
Qué estigma
o qué paloma.
Como ver el cielo
con los ojos abiertos
debajo del agua.
lunes, 13 de junio de 2011
En un tiempo pensé que ser humano era el objetivo más alto que podía tener un hombre, pero ahora veo que estaba destinado a destruirme. Hoy me siento orgulloso al decir que soy "inhumano" que no pertenezco a los hombres ni a los gobiernos, que no tengo nada que ver con credos ni principios. No tengo nada que ver con la maquinaria crujiente de la humanidad: ¡Pertenezco a la tierra!. Digo esto con la cabeza reclinada en la almohada y siento los cuernos que me brotan en las sienes. Veo a mi alrededor a todos esos antepasados míos bailando en torno a la cama, consolándome, incitándome, flagelándome con sus lenguas viperinas, sonriéndome y mirándome de reojo con sus siniestras calaveras. ¡SOY INHUMANO!. Lo digo con una sonrisa demente, alucinada y voy a seguir diciéndolo aunque lluevan cocodrilos. Tras mis palabras se encuentran todas esas calaveras siniestras que sonríen y miran de reojo, unas muertas y sonriendo hace mucho tiempo, otras sonriendo como si tuvieran trismo, otras sonriendo con la mueca de una sonrisa, el sabor anticipado y las consecuencias de lo que ocurre siempre. Más clara que nada veo mi propia calavera sonriente, veo el esqueleto bailando al viento, serpientes saliendo de la lengua podrida y las ampulosas páginas de éxtasis sucias de excrementos. E incorporo mi lodo, mi excremento, mi locura, mi éxtasis al gran circuito que circula a través de los subterráneos de la carne. Todo ese vómito espontáneo indeseable, de borracho, seguir manando sin cesar, a través de las mentes de los que han de venir, a la vasija inagotable que contiene la historia de la raza. Codo a codo con la raza humana corre otra raza de seres, los inhumanos, la raza de los artistas que estimulados por impulsos desconocidos, toman la masa inerte de la humanidad y mediante la fiebre y el fermento de que la imbuyen, convierten esa pasta húmeda en pan y el pan en vino y el vino en canción.
Con el abono muerto y la escoria inerte producen una canción que se contagia. Veo esa otra raza de individuos saqueando el universo, dejando todo patas para arriba, con las manos vacías, siempre tratando de agarrar y asir el más allá el dios inalcanzable: matando a todo lo que está a su alcance para calmar al monstruo que les roe las entrañas. Lo veo cuando se arrancan los pelos en su esfuerzo por comprender, por aprehender lo que es eternamente inalcanzable, lo que veo cuando braman como bestias enloquecidas y se precipitan dando cornadas, veo que está bien y que no queda otro camino. Un hombre que pertenezca a esa raza ha de subir al lugar más alto y arrancarse las entrañas, mientras pronuncia palabras incoherentes. ¡Está bien y es justo, porque debe hacerlo! y todo lo que se quede corto con respecto a ese espectáculo espantoso, todo lo que sea menos escalofriante, menos aterrador, menos demencial, menos embriagador, menos contagioso, no es arte. El resto es falso. El resto es humano. El resto corresponde a la vida y a la ausencia de la vida.
Primavera Negra. Henry Miller.
Con el abono muerto y la escoria inerte producen una canción que se contagia. Veo esa otra raza de individuos saqueando el universo, dejando todo patas para arriba, con las manos vacías, siempre tratando de agarrar y asir el más allá el dios inalcanzable: matando a todo lo que está a su alcance para calmar al monstruo que les roe las entrañas. Lo veo cuando se arrancan los pelos en su esfuerzo por comprender, por aprehender lo que es eternamente inalcanzable, lo que veo cuando braman como bestias enloquecidas y se precipitan dando cornadas, veo que está bien y que no queda otro camino. Un hombre que pertenezca a esa raza ha de subir al lugar más alto y arrancarse las entrañas, mientras pronuncia palabras incoherentes. ¡Está bien y es justo, porque debe hacerlo! y todo lo que se quede corto con respecto a ese espectáculo espantoso, todo lo que sea menos escalofriante, menos aterrador, menos demencial, menos embriagador, menos contagioso, no es arte. El resto es falso. El resto es humano. El resto corresponde a la vida y a la ausencia de la vida.
Primavera Negra. Henry Miller.
martes, 31 de mayo de 2011
Soy una mercenaria,
cuando termino un cigarro
empiezo otro.
Pero quién soy si no todo lo que digo,
este jardín que he rodeado de una gran valla, palabra a palabra, esta cabeza cortada y enterrada.
Una piel suave, treinta y dos dientes fuertes.
Un hueco relleno de carne tornándose al azul.
Vayamos a la discoteca, pero con Jesús.
Y una túnica blanca, manchada de vino.
cuando termino un cigarro
empiezo otro.
Pero quién soy si no todo lo que digo,
este jardín que he rodeado de una gran valla, palabra a palabra, esta cabeza cortada y enterrada.
Una piel suave, treinta y dos dientes fuertes.
Un hueco relleno de carne tornándose al azul.
Vayamos a la discoteca, pero con Jesús.
Y una túnica blanca, manchada de vino.
jueves, 19 de mayo de 2011
sábado, 30 de abril de 2011
martes, 22 de marzo de 2011
sábado, 12 de marzo de 2011
Rápido,
me levanto de la silla
y me arranco la toalla de la cabeza.
El pelo cae sobre la cara
y me quedo así un momento,
mirándome al espejo
entre las lianas pegajosas.
El cielo se desparrama y
las palmeras por primera vez
me hacen desconfiar.
Sólo consiento lo que yo quiero consentir.
¿Me oís, cabrones?
No.
Al menos,
comprended,
que las nubes radioactivas en Japón
y mirar al mundo
(con cara de vencejo hambriento, como dice ella)*
es desesperante.
*Luna Miguel.
me levanto de la silla
y me arranco la toalla de la cabeza.
El pelo cae sobre la cara
y me quedo así un momento,
mirándome al espejo
entre las lianas pegajosas.
El cielo se desparrama y
las palmeras por primera vez
me hacen desconfiar.
Sólo consiento lo que yo quiero consentir.
¿Me oís, cabrones?
No.
Al menos,
comprended,
que las nubes radioactivas en Japón
y mirar al mundo
(con cara de vencejo hambriento, como dice ella)*
es desesperante.
*Luna Miguel.
miércoles, 9 de marzo de 2011
viernes, 4 de marzo de 2011
lunes, 14 de febrero de 2011
Mis dedos entre tu pelo se llenan
de olor
de imágenes.
Abro la boca
y los guardo dentro,
nadie mirará ahí.
(Nadie mira detrás de los dientes).
Así es, que con la mandíbula
apretada
vacío mis dieciséis bolsillos,
desmonto
todos los muebles de la casa
y en el hueco de la fregadera
construyo
un tótem del animal que llevas
en el estómago.
de olor
de imágenes.
Abro la boca
y los guardo dentro,
nadie mirará ahí.
(Nadie mira detrás de los dientes).
Así es, que con la mandíbula
apretada
vacío mis dieciséis bolsillos,
desmonto
todos los muebles de la casa
y en el hueco de la fregadera
construyo
un tótem del animal que llevas
en el estómago.
lunes, 31 de enero de 2011
Me entrego a las fieras:
no sé vivir.
O sé vivir de esa manera que ellos
no quieren,
que ellos vaticinan
en trágicos desenlaces.
Hagamos algo superficial
que mantenga erguidos los edificios,
que cubra de barniz el gesto,
el rato
la respiración.
Así el café
brillante, endurecido.
Así el esófago.
Entiéndeme Cummings:
Yo soy esos chicos.
Niégame treinta y tres veces, Cummings:
tengo tanto miedo que no puedo bailar.
no sé vivir.
O sé vivir de esa manera que ellos
no quieren,
que ellos vaticinan
en trágicos desenlaces.
Hagamos algo superficial
que mantenga erguidos los edificios,
que cubra de barniz el gesto,
el rato
la respiración.
Así el café
brillante, endurecido.
Así el esófago.
Entiéndeme Cummings:
Yo soy esos chicos.
Niégame treinta y tres veces, Cummings:
tengo tanto miedo que no puedo bailar.
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lunes, 24 de enero de 2011
Veo cada vez más ancianos,
son distintos entre la gente
de la calle, miran como si hablaran
otra lengua. Los veo más
por la sensación de amenaza,
el mundo poblándose de signos.
También los jóvenes son otros,
una lengua, oscuros. Sólo es compacta
mi edad, como si fueran a quedarse.
(Olvido García Valdés).
son distintos entre la gente
de la calle, miran como si hablaran
otra lengua. Los veo más
por la sensación de amenaza,
el mundo poblándose de signos.
También los jóvenes son otros,
una lengua, oscuros. Sólo es compacta
mi edad, como si fueran a quedarse.
(Olvido García Valdés).
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