Rápido,
me levanto de la silla
y me arranco la toalla de la cabeza.
El pelo cae sobre la cara
y me quedo así un momento,
mirándome al espejo
entre las lianas pegajosas.
El cielo se desparrama y
las palmeras por primera vez
me hacen desconfiar.
Sólo consiento lo que yo quiero consentir.
¿Me oís, cabrones?
No.
Al menos,
comprended,
que las nubes radioactivas en Japón
y mirar al mundo
(con cara de vencejo hambriento, como dice ella)*
es desesperante.
*Luna Miguel.
5 comentarios:
Qué casualidad.
Estaba buscando tu email para proponerte una cosa.
Ay.
Bien fácil, benditosmordiscos@hotmail.com :)
Doy gracias a Luna por tu descubrimiento. Te leo.
Un saludo
Juan
Gracias a Luna y a ti también. Saludos, Juan.
no se como he llegado hasta aquí pero me gusta este blog. Te leo yo tambien. hasta pronto.
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