Soy una mercenaria,
cuando termino un cigarro
empiezo otro.
Pero quién soy si no todo lo que digo,
este jardín que he rodeado de una gran valla, palabra a palabra, esta cabeza cortada y enterrada.
Una piel suave, treinta y dos dientes fuertes.
Un hueco relleno de carne tornándose al azul.
Vayamos a la discoteca, pero con Jesús.
Y una túnica blanca, manchada de vino.
3 comentarios:
Treinta y dos dientes fuertes. Un milagro.
jeje.
pos me gusta, mucho arte. salud.
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