lunes, 14 de febrero de 2011

Mis dedos entre tu pelo se llenan
de olor
de imágenes.
Abro la boca
y los guardo dentro,
nadie mirará ahí.
(Nadie mira detrás de los dientes).
Así es, que con la mandíbula
apretada
vacío mis dieciséis bolsillos,
desmonto
todos los muebles de la casa
y en el hueco de la fregadera
construyo
un tótem del animal que llevas
en el estómago.

lunes, 31 de enero de 2011

Me entrego a las fieras: 
no sé vivir.
O sé vivir de esa manera que ellos
no quieren, 
que ellos vaticinan 
en trágicos desenlaces.
Hagamos algo superficial
que mantenga erguidos los edificios,
que cubra de barniz el gesto,
el rato
la respiración.
Así el café 
brillante, endurecido.
Así el esófago.
Entiéndeme Cummings:
Yo soy esos chicos.
Niégame treinta y tres veces, Cummings:
tengo tanto miedo que no puedo bailar.
Pero yo era entonces
y tú eras cualquiera.
Yo derramaba el vino sobre tu lomo
-vía láctea-
tú celebrabas los agujeros
de mi jersey de lana.
Luego cuando los dientes se clavaban,
luego, cuando los labios
-fruta madura-
cuando los vientres siameses,
cuando el techo,
el suelo
y jesucristo,
eran lo mismo.

lunes, 24 de enero de 2011

Veo cada vez más ancianos,
son distintos entre la gente
de la calle, miran como si hablaran
otra lengua. Los veo más
por la sensación de amenaza,
el mundo poblándose de signos.
También los jóvenes son otros,
una lengua, oscuros. Sólo es compacta
mi edad, como si fueran a quedarse.


(Olvido García Valdés).

lunes, 17 de enero de 2011

Y donde había piernas yo veía una cara. Barcelona con niebla, y sola. Cruzando árboles, una avenida que se precipita. Me encendí un cigarrillo en mitad de las palomas batiendo sus alas. Corrí a casa. Pensé en incendios, un beso en la frente. Fui tres, soy tres.

miércoles, 15 de diciembre de 2010


No tengo fuerzas para tirar del peso de mi propio cuerpo ni de mi propia mente. Dejo que los aires del Sur arrastren mi vuelo. Me dejo llevar. Herida. Sonriente. No quiero pensar. Y me dejo llevar hacia delante pensando demasiado. Alguien dijo: demasiado es malo. ¿Y dónde está ese alguien ahora? ¿Perdido? Se perdió. Quién lo habrá encontrado. Vagando por las tierras inhóspitas de su mente alterada con estupefacientes. Pero evito y rechazo cada pensamiento. Justo en el momento en el que se intuye el atisbo: La conclusión. No tengo fuerzas. Sé que las tengo. Quiero que el tiempo deposite mi cuerpo y mi mente y mi alma, si es que aun está dentro de mí, en el lugar que necesito habitar. ¿Existe, pues, el quiero, el necesito? ¿Más allá del egoísmo? No quiero volver a pronunciar la palabra egoísmo. Volveré a pronunciar la palabra egoísmo. Y la sentenciaré a muerte. No quiero volver a.
Marina Ramón Borja.


No crecer. Habitar una alfombra eterna. En mitad de la calle que conozco, abrir los brazos, tensar el cuerpo y controlar el viento.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Vosotros que hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y  hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais y hablais,    a este esqueleto de vértebra desarticulada no lo convenceis.